“Si el conocimiento crea problemas, no es a través de la
ignorancia que podamos resolverlos”.
Isaac Asimov
Existen tres leyes de la robótica dentro de la ciencia
ficción escritas por Isaac Asimov (1919 – 1992), que luego fueron tomadas como
referencia tanto como para obras de otros autores sobre ciencia ficción como
así también para otros géneros. Es que, desde un primer momento, la mera
mención de la palabra “robot” alcanzó un contenido indisociable con la ficción,
con el futuro, y aprovechándose del desconocimiento que el futuro remite, con
historias donde se le asociaba con el villano o el destructor de la humanidad
civilizada. Asimov, al ver que escribir sobre robots tenía mucho potencial, más
allá del estereotipo ya declarado -un Frankestein del mañana -, concibió una
aportación literaria que al día de hoy mantiene vigencia y referencia. Las
leyes de Asimov fueron consideradas verdaderos mandamientos que permitirían
regular la relación entre “hombres y máquinas”.
Isaac Asimov, además de profesor de Bioquímica en la Facultad
de Medicina de la Universidad de Boston, fue un prolifero escritor de historia,
divulgación científica, ciencia ficción y otros géneros como cuentos, novelas o
epístolas. Fue considerado junto a Robert Heinlein y Arthur Clarke como uno de
los tres grandes escritores de ciencia ficción. De origen ruso, se trasladó
junto a sus padres a Nueva York cuando tenía tres años. A temprana edad se
vinculó con la lectura y escritura de ciencia ficción, destacando a los
diecinueve años por ver publicadas sus primeros relatos en la revista Pulps.
Tanto en su actividad científica como literaria, Asimov se
mostró un humanista y racionalista, y sin oponerse a las convicciones de los
demás, se enfrentó a las creencias infundadas y supersticiones. En su
literatura planteó verdaderos dilemas filosóficos y morales, destacando no solo
en la construcción de obras de ciencia ficción, sino también en ensayos de
divulgación científica e histórica. Pero fue a través de las “Tres leyes de la
robótica” donde canalizó su mayor éxito, de manera tal, que el Diccionario de
Inglés de Oxford le inmortalizó al incluir las palabras positrónico,
psicohistoria y robótica.
Sus tres leyes se resumían de este modo:
Primera Ley: Un robot no puede dañar
a un ser humano, ni por su inacción dejar que un ser humano sufra daño.
Segunda Ley: Un robot debe obedecer
todas las ordenes de los humanos, a menos que dichas ordenes vayan en contra de
la primera ley.
Tercera Ley: Un robot debe proteger
su propia existencia, a menos que esa existencia vaya en contra de la primera y
la segunda ley.
A
partir de estos mandamientos, Asimov construyó personajes esenciales donde
privilegió el conflicto hombre – robot. Las tres leyes aparecieron reflejadas
por primera vez en una obra de ficción en el año 1942, a través del relato “El
circulo vicioso”. El escritor ha destacado, sobre todo, con las siguientes
obras: “Yo, robot” (1950), “El hombre bicentenario” (1976), “El sol desnudo”
(1957), “Los robots del amanecer” (1983) y “Ciclo de Trántor”, que puede ser
considerada su obra más emblemática, comprendiendo dieciséis libros escritos
entre 1942-1957 y 1982-1992.
Para
muchos, remitirse a Asimov es relacionarlo con la ciencia ficción. Para muchos
es recurrir filosóficamente a un científico que consiguió que sus principios
éticos para la creación científica de robots fueran normas impuestas por el
Consejo de Investigación de Ingeniería y Ciencias físicas y el Consejo de
investigación de Artes y Humanidades de Gran Bretaña. El auge de la robótica en
el desarrollo de nuevas tecnologías para ser aplicadas en diversos campos con
la salud y el desarrollo de las TIC pueden deber parte de su potencial a un
hombre que supo superar el campo de la ficción y no llegó a constatar a causa
de su muerte, en 1992, que las maquinas aún no se han rebelado contra sus
creadores.

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